Las musas de Guerlain: De las emperatrices a las heroínas de novela

Collage histórico que muestra a la Emperatriz Eugenia, el libro La Bataille y frascos icónicos de Guerlain, ilustrando las musas de la Casa.

Detrás de muchos perfumes de Guerlain se perfila una figura femenina. Homenaje en forma de reverencia olfativa a una figura imperial o real, el perfume se convierte muy pronto en una expresión refinada e íntima del sentimiento amoroso.

Esta prenda de amor se revela primero con Aimé Guerlain: Voilà pourquoi j’aimais Rosine, creado en 1900, es el testimonio más elocuente.

Mujeres reales o mujeres soñadas, cabezas coronadas o figuras aureoladas de gloria del mundo del arte, heroínas de su tiempo o de novela, todas ellas encarnaron la imagen de la feminidad, mascarones de proa de una época cuya aura Guerlain supo perpetuar en perfumes emblemáticos.

Las cabezas coronadas: Eugenia, Victoria y Sissi

Empezando por el Eau de Cologne Impériale, creado en 1830, que seduciría a la Emperatriz Eugenia en 1853, quien lo quiso primero en exclusiva, y que más tarde valdría a Guerlain el título de perfumista patentado de Su Majestad.

La leyenda cuenta que las violentas migrañas que sufría la Emperatriz encontraron en esta Eau de Cologne fresca y hesperidada un alivio inesperado (en efecto, contenía una sobredosis de flor de azahar), para la cual Pochet y Du Courval crearían el emblemático frasco con abejas.

Pero la Reina Victoria, Isabel de España, Sissi y, tras ellas, todas las cortes de Europa, no habían esperado este salvoconducto imperial para no jurar sino por Guerlain.

Los bouquets de la nobleza

Desde 1840, se ven florecer en la boutique de la rue de la Paix innumerables bouquets:

  • Bouquet de la Comtesse de Jersey
  • Bouquet de la Duchesse de Bedford
  • Bouquet de la Marquise de Londonderry
  • Bouquet Princesse Amélie de Furstemberg (rebautizado más tarde como Bouquet de Furstemberg) para las cortes de Europa central

En cuanto a la Reina de Rumanía, formaría parte de los privilegiados para quienes Guerlain crearía un perfume único. Muy pronto, el homenaje debido al rango cedería su lugar al que inspiran los sentimientos, como lo atestiguan perfumes como Marie-Christine o Nice Dear.

Jicky (1889): El amor secreto

Pero es Jicky, en 1889, quien abre realmente esta página de la modernidad, tanto por su composición mixta, mezclando por primera vez algunos productos de síntesis (cumarina, linalol y vainillina, trabajados con numerosos productos naturales), como por la doble evocación de su nombre.

Este último estaría inspirado a la vez por el apodo cariñoso que Aimé Guerlain daba a su sobrino Jacques y por el de una joven inglesa de la que se había enamorado mientras estudiaba en Gran Bretaña. ¿Fue acaso por esta ambigüedad que Jicky desconcertó a las mujeres en un primer momento y fue adoptado primero por los hombres?

Considero igualmente que su composición audaz tenía con qué sorprender: tras la omnipresencia de los soliflores, he aquí un perfume multifacético, con un vuelo muy aromático, asentado sobre un acorde fougère de connotación bastante masculina, pero ¡sorpresa!

Detrás de esta nota de salida se esconde el hiperfemenino y tórrido acorde oriental que se convertiría para Jacques en la fuente de inspiración de Shalimar. Jicky, revolucionario pues a más de un título, fue el primer producto en llevar el nombre de «perfume»; hecho increíble, este sigue cautivando hoy tanto a hombres como a mujeres.

Jacques Guerlain: El perfumista enamorado

Al cambio de siglo, Jacques Guerlain impondría definitivamente la figura del perfumista enamorado, componiendo nuevas odas a sus musas, con el muy explícito Voilà pourquoi j’aimais Rosine y el más voluble Vague Souvenir.

En 1904, Jacques Guerlain compondría para una pareja de amigos el más bello regalo de bodas que se pueda soñar: un dúo Voilette de Madame y Mouchoir de Monsieur, ambos presentados en el «frasco caracol», dorado para Madame y blanco para Monsieur, acurrucados ambos en el soberbio estuche rojo.

Kadine (1911): La princesa del Bósforo

En 1911, Jacques Guerlain se inspira de otra musa: una gran dama, La Kadine, princesa del palacio y esposa del sultán, en su reino del Bósforo, era una mujer de gran belleza que poseía un olfato y un paladar incomparables; podía adivinar, para una especia, si la región de donde provenía había conocido una gran sequía o una humedad inusual.

Floral y empolvado, mezclando las notas de vainilla, de iris, de jazmín y de bergamota, Kadine es a imagen de esta musa, tierno y delicado, como un velo de caricia.

Las heroínas de novela y de ópera

A principios de los años locos, son las heroínas legendarias o novelescas quienes inspirarían a Guerlain algunos de sus más grandes perfumes de amor y de otros horizontes…

Mitsouko (1919): El misterio japonés

Creado desde 1905 pero lanzado en 1919, Mitsouko es la figura central de «La Bataille», una novela escrita por Claude Farrère, amigo de Jacques Guerlain. Este nombre, que significa «misterio» en japonés, deja entrever en filigrana a una joven mujer tanto más magnífica cuanto que permanece noble y digna a pesar de las emociones y la pasión prohibida que la conmueven.

Este perfume enigmático es un chipre de nueva generación, que combina notas afrutadas (primer uso del aldehído C14) con un fondo amaderado y chipre que ha mantenido intacto el secreto de su seducción.

Shalimar (1925): El amor eterno

De encanto se sigue hablando en 1925, pero esta vez es ante la belleza oriental de Mumtaz Mahal que sucumbirá Shalimar. Verdadero «templo del amor» (es la traducción de su nombre en sánscrito), este primer gran perfume oriental es una maravillosa evocación de un jardín fabuloso.

Este albergaba los amores del Emperador mogol Shah Jahan y de su esposa favorita Mumtaz Mahal, cuya desaparición lo dejaría inconsolable y en cuya memoria haría construir el Taj Mahal.

Shalimar, encarnado desde entonces por la sublime Natalia Vodianova, quien se convierte también en musa de los productos de maquillaje y cuidado. En Estados Unidos, otra musa francesa, Gabrielle Lazure, encarnó Shalimar, pero hace ya mucho tiempo.

Liu (1929): La heroína de Puccini

El exotismo que inspiró Shalimar es una tendencia fuerte del primer cuarto de siglo. El estilo «art déco» instaura el gusto por lo lejano, la búsqueda; Asia fascina tanto más cuanto que se descubre progresivamente Japón. La ópera Turandot confirmaría esta fascinación por las heroínas asiáticas, su sentido de lo sublime y del sacrificio, con el personaje de Liu.

Esta joven sirvienta, enamorada del Príncipe Calaf, preferiría perecer antes que revelar su sobrenombre: «Amor». Es en homenaje a esta figura que encarna todas las virtudes femeninas que Jacques Guerlain crea, en 1929, el perfume Liu.

Su frasco Baccarat, de cristal negro, inspirado en una caja de té china que perteneció a la familia Guerlain, encierra un perfume delicadamente floral y empolvado.


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